domingo, 1 de agosto de 2021

NUEVA ESPAÑA, MES DE JULIO DE 1821




Proemio


¿Cómo honrar a los héroes que consumaron la Independencia del hoy México, cuando padecemos un gobierno masónico-liberal con aspiraciones de populismo marxista, que obviamente no los va a honrar con la verdad?

Muy sencillo recordando como aconteció todo hace doscientos años; para lo cual recurriré a una obra que fue presentada durante mi época de estudiante en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, dirigido entonces por el maestro José Manuel Villalpando.

La obra en ciernes se titula Iturbide de México del Doctor en Historia inglés Spence William Robertson (1872-1955). Su primera edición en inglés fue en 1952, pero no se publica en español, sino hasta 2012, gracias a la traducción y enriquecimiento con notas de actualización de Rafael Estrada Sámano, la presentación es de otro gran historiador iturbidista: Jaime del Arenal Fenochio. La publicación es del Fondo de Cultura Económica en 2012, el libro consta de 473 páginas.

La nueva generación de escritores españoles no acepta a los historiadores ingleses, porque según ellos, han creado la “leyenda negra” de España. La verdad es que los historiadores ingleses a mi manera de ver son los que más se introducen e investigan la verdad histórica, aunque se trate de esclavitud, castas, encomienda y otros excesos de los descubridores, colonizadores y gobernadores hispanos. Pero entremos en materia.

Julio de 1821


El mes de junio termina con el avance de las tropas trigarantes al pueblo de San Juan del Río y la capitulación de la guarnición de Querétaro el 28 de junio a cuyo frente estaba el coronel Luaces, que había sufrido numerosas bajas por deserción debido a la actividad de emisarios patriotas y ya había perdido la esperanza de recibir refuerzos. <<Cuando se le pidió que se rindiera, el replicó que aún cuando prefería morir con honor a vivir en la infamia, no sacrificaría infructuosamente la pequeña fuerza que permanecía fiel a España>>[1]. Las bases de la capitulación establecían que los soldados realistas deberían de marchar fuera de la ciudad a condición de que no se levantaran nuevamente en armas en contra de la independencia mexicana. Después deberían embarcarse rumbo a la habana. <<Iturbide anunció que por lo pronto quedaban abolidos ciertos impuestos extraordinarios con los que el gobierno virreinal había oprimido a los mexicanos. Redujo el impuesto de alcabala a 6%. Un boletín publicado por el ejército victorioso declaraba que una placa conmemorativa de la Constitución española, la cual había sido rota durante las luchas de la independencia debería ser restaurada. El generalísimo proclamó que esa ley orgánica debería permanecer en vigor en la medida en que estuviera en armonía con la independencia de México, hasta que los representantes de éste adoptaran nuevas instituciones. El 6 de julio Negrete avisó desde Aguascalientes a Iturbide que ni un solo pueblo o rancho circunvecino había dejado de aclamar el Plan de Iguala. Durante el mismo mes varios pueblos de las provincias fronterizas del oriente se declararon a favor de dicho Plan.

En un campamento militar situado en el camino hacia la capital, Iturbide dirigió un desplegado a sus conciudadanos: después de mencionar las victorias obtenidas por la causa de la independencia, anunció que agotaría cualquier otro recurso antes de provocar que las montañas que circundan dicha ciudad hicieran eco al sonido del cañón. El objetivo de su campaña afirmaba, era el de elevar a México al rango de las naciones grandes libres e independientes. […]

Una semana más tarde uno de sus oficiales manifestó inmenso pesar porque Iturbide no aprobó una propuesta para designar un batallón de soldados con su nombre. Aunque ansioso de que se extendiera la revolución, el comandante en jefe no siempre tenía la intención de presentarse a sí mismo al frente del escenario. Casi al finalizar julio envió una carta al obispo de Oaxaca pidiéndole que usara su influencia para promover el Plan de Iguala en dicho lugar.>>[2]

Iturbide, aún bajo el mando virreinal, mostró la justicia hacia sus futuros lugartenientes, como es el caso de Nicolás Bravo, quien luchó bajo el mando de Morelos y tras estar prisionero durante 3 años fue liberado por el virrey a principios de 1821. El entonces oficial realista Iturbide ordenó a los oficiales virreinales reintegrarle ciertas tierras de su familia cercanas a Chilpancingo que le fueron incautadas. Poco después Iturbide se entrevistó con él y le expuso sus planes libertarios, nombrándolo coronel. Posteriormente Bravo se unió a las fuerzas de José Joaquín Herrera, quien se había posesionado de Córdoba y Orizaba. Para julio, ambos sitiaban la ciudad de Puebla y arribando el generalísimo se negocio un armisticio con el general español Ciriaco de Llano y el marqués de Vivanco como segundo al mando.

La tregua estipulaba el cese de hostilidades, trazando una línea de demarcación entre las fuerzas contendientes, y la selección de comisionados para conferenciar con Iturbide. El día 28 de julio de 1821, se firmaron los artículos de capitulación de Puebla, estableciéndose como en Querétaro la evacuación de las tropas españolas para embarcarse hacia la Habana cuanto antes. Los miembros de la milicia local deberían permanecer en sus casas “sin sufrir ningún daño a causa de opiniones políticas o por el servicio militar” que ellos hubieran prestado a los realistas. La misma política humanitaria debería seguirse respecto a los civiles.

En Puebla, ya era obispo, aquél sacerdote que dio el discurso inaugural en las Cortes de Cádiz de 1812, Antonio Joaquín Pérez y ahora era partidario de la independencia. Iturbide le profesaba gran confianza, a grado tal que le había encargado a su esposa e hijos cuando inició la campaña de liberación.

(Seguirán:  Nueva España, mes de agosto de 1821, Los Tratados de Córdoba

Jorge Pérez Uribe

Notas:
[1] Spence William Robertson, Iturbide de México, México, FCE, 2012, pag.154
[2] Ibíd, pags.154, 155