lunes, 29 de octubre de 2018

¿QUÉ HACEMOS CON LAS OBRAS INCONCLUSAS?




Felipe de J. Monroy | 23 de octubre de 2018

No me lo tome a mal, no estoy vaticinando nada. Sólo creo que no existe una verdadera preocupación sobre los proyectos que, abandonados, comienzan a levantar maleza en el silencio. Las obras inconclusas o los llamados ‘elefantes blancos’ son la ominosa prueba del verdadero dispendio, de corrupción, falta de liderazgo y ausencia de creatividad. 

Prácticamente no hay rincón del país donde no exista alguna de estas pruebas: cuando no es un centro de artes y oficios abandonado en su sola estructura en la Ciudad de México, es un hospital en obra negra en Veracruz, un distribuidor vial en Guanajuato, centros de salud en Oaxaca, centros urbanos, carreteras, vías de tren, presas, puentes, deportivos y un largo etcétera. 


Y no sólo causan problemas las obras inconclusas, también las obras presurosamente concluidas para beneplácito de la comunicación del gobernante en turno: hospitales perfectamente erigidos, pero sin galenos ni instrumental, sin servicios populares; vialidades expuestas al desastre y, por supuesto, el epítome de estos fraudes: sistemas de transporte sin pruebas de seguridad ni eficiencia. 


La obra inconclusa gubernamental y las obras entregadas al vapor son una afrenta al sistema de solidaridad y de corresponsabilidad institucional. No sólo representan el gasto y los costos en las inversiones que no proveen el servicio original al que fueron destinados; también provocan una incertidumbre mayúscula sobre la eficacia de la gobernanza, laceran la confianza representativa y fomentan una actitud de depredación por parte de las empresas.


Lo más natural es que las obras inconclusas o inservibles sean retomadas por nuevos gobiernos o participantes económicos; obras que en principio tuvieron un estudio de necesidad y viabilidad, se concursaron o asignaron licitaciones, se aprobaron presupuestos, en teoría tendrían todos los permisos y autorizaciones desde el aparato de gobierno y tuvieron un horizonte de cumplimiento que -evidentemente- no se cumplió. Otra solución es reacondicionar lo pobremente construido, darles una utilidad diferente a la original pero necesaria para un sector social. Esto en principio puede ser un sinsentido, pero hay que mirar algunas obras que, concluida su vida útil, se pueden convertir en un nuevo espacio de servicio. 

Sin embargo, lo importante no es reanudar la obra o darle un nuevo sentido. Lo absolutamente indispensable es fincar las responsabilidades económicas, legales y políticas a aquellos que dejaron abandonados los proyectos o cuyas corruptelas reventaron la burbuja de viabilidad y continuidad del proyecto. En su ensayo sobre la gobernanza de sociedades complejas, Daniel Innerarity explica que “el arte de la gestión presupone que, ante las dificultades encontradas, hay siempre una solución óptima única. Por el contrario, el campo político descansa sobre el reconocimiento de la incertidumbre”. Mientras la política permite la audacia de hacer lo mejor posible en unas condiciones determinadas, la gestión exige soluciones sin importar las condiciones. 


El gobierno de Andrés Manuel López Obrador tiene frente a sí justo este doble desafío particularmente en lo que respecta al aeropuerto mexiquense en Texcoco o en Santa Lucía. En lo político, demostrar que se toman las decisiones audaces para fincar responsabilidades a las personas que reventaron el presupuesto original de la construcción o que mintieron en el proceso del proyecto; pero en la gobernanza administrativa, dar la solución óptima a dos escenarios contrapuestos: si se continúa el aeropuerto en Texcoco, sanar lo corregible; si se abandona la infraestructura ya construida, resolver qué hacer con esos 734 mil metros cuadrados ya transformados por el inicio de la obra. 


El político gobernante está obligado a enlazar dos parámetros diferentes entre sí y –en este caso– opuestos. Nuevamente Innerarity nos recuerda: “No puede agravar el mal que pretender disminuir, no debe emprenderla contra los valores de la comunidad, debe proponer soluciones viables… debe estar preocupado por el porvenir sin creerse, no obstante, que lo conoce con certeza”.



Nota:
El texto original de este artículo fue publicado por la Agencia Quadratín en la siguiente dirección: https://mexico.quadratin.com.mx/que-hacemos-con-las-obras-inconclusas-felipe-de-j-monroy/ 
Este contenido se encuentra protegido por la ley. Si lo cita, por favor mencione la fuente y haga un enlace a la nota original de donde usted lo ha tomado. Agencia Quadratín. Todos los Derechos Reservados © 2016.



lunes, 22 de octubre de 2018

1968 Y LA APERTURA DEMOCRÁTICA






El mito del “parteaguas histórico” 


Menciona Rosalbina Garavito[1] que “1968 fue un parteaguas histórico. Porque fue ahí que asomó la cabeza el ciudadano con demandas universales, no sectoriales>”. Sin embargo la realidad fue que el Consejo Nacional de Huelga, órgano creado para coordinar todas las movilizaciones y protestas de los estudiantes, presentó al gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, un pliego petitorio de seis puntos: 

1. Libertad de todos los presos políticos. Es decir, de los estudiantes y activistas detenidos por manifestarse. 

2. Derogación del artículo 145 del Código Penal Federal, el cual regulaba los delitos de disolución social, que se entendían como la difusión de ideas que perturben el orden público o afecten la soberanía nacional. 

3. Desaparición del cuerpo de granaderos, grupo policial participó en varios actos de represión estudiantil previos al 2 de octubre. 

4. Destitución de los jefes policiacos Luis Cueto y Raúl Mendiolea, quienes fungían como el jefe y el subjefe de la policía capitalina respectivamente y habían tenido roces con los estudiantes en varias ocasiones. 

5. Indemnización a las víctimas de los actos represivos, pues antes de la masacre de Tlatelolco, ocurrieron varios enfrentamientos que dejaron estudiantes muertos. 

6. Deslinde de responsabilidades de los funcionarios involucrados en actos de violencia contra los estudiantes y establecer un diálogo público entre autoridades y el CNH para negociar las peticiones. 

Y luego afirma correctamente Rosalbina Garabito: “Demandas políticas que se engancharon con la realidad de los líderes sindicales presos, Demetrio Vallejo y Valentín Campa”. Es decir, la realidad de 1968, es que fue la continuación de los movimientos ferrocarrilero, magisterial y de los médicos, en los se pugnaba por la libertad de los líderes de la izquierda, por no condenar la ideología marxista que los inspiraba, por la desaparición del cuerpo represor de los granaderos y de sus jefes, por la indemnización de las víctimas y el deslinde de responsabilidades de los funcionarios involucrados en actos de violencia contra estudiantes. 

Lo que no se ve por ningún lado son las “demandas universales, no sectoriales”; es decir, el mentado movimiento de 1968, no fue más allá de estas limitadas peticiones y aunque lo escriban y reescriban la historia no se puede cambiar. 

Coincido también con ella en que “La irreverencia frente al poder establecido fue la fiesta de la libertad”. Los manifestantes se contentaban con repetir estribillos como “¿Díaz Ordaz dónde estás?” frente a Palacio Nacional, o bien “Ho Chi Minh, Ho Chi Minh, Díaz Ordaz chin, chin, chin”. Los oradores se regordeaban desafiando al Presidente a un diálogo público en el Zócalo. Pero algo sobre una apertura democrática, sobre la apertura del registro de los partidos de izquierda, sobre la autonomía de organismo electoral, nada, nunca hubo nada. 


Lo que pasó después del 2 de octubre y el fin de la presidencia de Díaz Ordaz 





La mayoría de los estudiantes de entonces, no estábamos con el “movimiento” y menos con el “Consejo Nacional de Huelga”, ya que lo sentíamos como ajeno a nuestras instituciones además de que sus objetivos y pliego petitorio no tenían que ver nada con nosotros y nuestras escuelas. Los estudiantes lo que queríamos era prepararnos para poder tener un medio de vida, desarrollando la actividad profesional de nuestra preferencia. Así es que del 2 de octubre nos enteramos por la prensa de lo ocurrido y vimos las fotos, que no eran como las caricaturas de Rius (en donde los soldados de pie, masacraban a los estudiantes y como unos estaban frente a otros, pues ametrallaban a sus propios compañeros). Las fotos mostraban a soldados en posición de tirador con rodilla en tierra, pecho a tierra y parados protegiéndose tras las paredes o columnas, apuntando siempre hacia arriba. Aún conservo estas fotos de una publicación de izquierda equivalente a la revista Proceso de hoy (aunque más radical) y que se llamaba ¿Por qué? 

Como no podíamos estudiar, pues nos concentramos en las Olimpiadas, en las que México obtuvo medallas como nunca y después esperamos la reapertura de las escuelas. 

Así pues, término su período presidencial Díaz Ordaz, sin mayor incidente que el desprendimiento de retina que le ocasionó su amante Irma Serrano, con tremenda cachetada. 

El “ogro filantrópico”, “la monarquía transexenal” o “la dictadura perfecta” 



Con estos términos en distintas décadas, se han referido al sistema político intelectuales como Octavio Paz, Daniel Cossío Villegas y Mario Vargas Llosa. Quizás la más ilustrativa es la de Cossío Villegas que afirmaba que en México gobernaba una "monarquía absoluta sexenal, hereditaria por vía transversal cada seis años" 


El gobierno de Luis Echeverría Álvarez 


Subió a la “Silla presidencial” el tenebroso Luis Echeverría Álvarez, cuyo perfil psicológico según varios especialistas, era semejante al de Mussolini y que rompió de tajo con el “desarrollo estabilizador” y quiso imponer al Estado como rector de la economía, iniciando la compra de numerosas empresas a punto de quebrar y creando un “sector paraestatal”.

El exembajador de Estados Unidos Joseph John Jova– develaría que las decisiones del expresidente fueron determinantes en el destino de los periódicos Excélsior, El Universal y El Sol de México.


Hombre de izquierda, pero bajo su control 


Echeverría Álvarez, miembro de un grupo del que sería la cabeza por muchos años y que Carlos Salinas bautizaría como “la nomenklatura”, mantuvo una ideología masónica liberal pero con influencias del marxismo, en su acepción populista. Aunque identificado con el marxismo no permitió, sin embargo que, la izquierda histórica (la proveniente del Partido Comunista Mexicano y la guerrilla) saliera de su control. 

<<…cuando yo tomé posesión había como cuatrocientos estudiantes presos –algunos miembros del Consejo Nacional de Huelga–. Tomé posesión el día 1 de diciembre de 1970; el día de la Navidad, 380 ya estaban en sus casas con sus familias. Eso no le cayó bien (a Días Ordaz). […] Después de que tomé posesión, Díaz Ordaz y yo ya no cruzamos palabra.>>[2]

Lo que siguió es que gran parte de estos estudiantes fueron a estudiar en el extranjero, algo que ellos no callaron, pero lo que sí ocultaron fue quien otorgó y pagó sus becas. A su regreso, ya como masters fueron incorporados en la Administración Pública. 

La masacre del 10 de junio de 1971, sirvió para enseñar a la izquierda estudiantil quien mandaba, y reveló una gran similitud en el modo de operar del 68. Los verdugos en esta ocasión fueron los “halcones” grupo paramilitar creado cuando aún era Secretario de Gobernación. Sirvió también para deshacerse de una gente de Díaz Ordaz: Alfonso Martínez Domínguez, Jefe del Departamento del Distrito Federal. Fue ambivalente ante la izquierda, ya que si por un lado la reprimía, por otro lado le otorgaba empleos directivos en su gobierno y becas, consolidaba alianzas con Fidel Castro y Salvador Allende de Chile y daba asilo político y becas a los “tupamaros”, y a otros grupos guerrilleros y a toda clase de emigrados políticos. Fue él, después de Lázaro Cárdenas, quién acabo entregando la educación a los refugiados de la izquierda, en especial a los chilenos, tras la caída de Allende. 




Para entonces, el que ahora escribe terminaba su carrera en la Facultad de Contaduría y Administración y después de titularse y conseguir un trabajo de medio tiempo en un despacho ubicado en San Ángel, iniciaba el Propedéutico para la Maestría en Sociología dentro de la Facultad de Ciencias Políticas, en donde estudiaban las élites del PRI y del PAN y en donde trabé amistad con Arturo Zama, jefe de de la Juventudes del Partido Comunista Mexicano. No sé cómo se dio, quizás porque ambos rebasábamos la edad común del estudiantado, pero para mí era la comprobación de que los líderes marxistas no surgen del proletariado, sino de la burguesía, tal como ocurrió con Marx, Engels, Lenin y muchos más. Arturo vivía en las Lomas de Chapultepec, en las vacaciones de verano viajaba a Europa, vestía a la última moda, con sacos de piel. No obstante era generoso y así por ejemplo me obsequiaba pases para la Muestra Cinematográfica Internacional del cine Roble. También empecé a trabar amistad con Julio, un acomodado joven uruguayo asilado en México por ser perseguido como miembro del “movimiento Tupamaro”, becado por el gobierno mexicano; sin embargo esta amistad fue interrumpida por una par de tetas que lo absorbieron totalmente. 

Durante su sexenio florecieron los grupos guerrilleros con líderes como Genaro Vázquez Rojas y Lucio cabañas. Formó o se sirvió de la “liga comunista 23 de septiembre” para aniquilar a sus adversarios políticos como el empresario Eugenio Garza Sada y ante la suspicacia popular auto-secuestró a su suegro, quien reapareció días después sano y salvo. El comentario sobre un zapato perdido en el secuestro y con el que apareció ya en una foto secuestrado, le valió al fallecido periodista Abraham Zabludovsky, el exilio en España. 


Política económica 


Aunado a la crisis internacional provocada por la escasez de petróleo, aumentó de forma considerable el gasto público, emitiendo papel moneda sin valor y contratando deuda. Durante su mandato se dio la primera crisis económica desde el inicio del llamado "Milagro Mexicano". Además, se lanzó a la compra de empresas al borde de la quiebra para sostener los empleos, pero a costa de ineficiencias y corrupción. Durante su gobierno se abandonó el tipo de cambio fijo que existía desde 1954, de $ 12.50 por dólar, y al final de su sexenio llegó a los $ 25 pesos por dólar. La deuda externa aumentó de los manejables 6,000 millones de dólares que había heredado Díaz Ordaz a más de 20,000 millones. 

Aplicó un modelo estatista de economía, “nacionalizando” (estatizando) empresas, creando fideicomisos y fondos para todo, mismos que fueron financiados con el endeudamiento externo y la emisión de billetes sin soporte, lo que llevó a la devaluación, e inflación y a liquidar el modelo del “desarrollo estabilizador” de los últimos sexenios. 

Se quiso promover como líder del 3er. Mundo, por lo que realizó viajes a países de Europa, Asia, Oceanía, África y América Latina. Su gobierno fue muy cercano a los regímenes socialistas de Chile y Cuba. Dio asilo a Hortensia Bussi, esposa del presidente chileno Salvador Allende, cuando éste murió en 1973 después de ser derrocado por el golpe de estado de Augusto Pinochet. También dio asilo político a gran número de exiliados provenientes de las dictaduras de América del Sur. Pero como se mencionó anteriormente, tuvo mano dura con los movimientos de izquierda nacional. 

Ante su intentó de permanecer en el poder, creó una gran inquietud; se habló incluso de un golpe de estado militar, pero finalmente el rechazo de Fidel Velázquez, de la cúpula empresarial y de otros sectores del PRI lo hicieron recapacitar. 

De cómo se gestó la apertura democrática





El presidente Echeverría, con base en una añeja amistad, designó como su sucesor a José Guillermo Abel López Portillo y Pacheco, nieto de José López Portillo y Rojas, senador y gobernador de Jalisco e hijo de José López Portillo y Weber, ingeniero, historiador, investigador y académico, es decir fue un hombre muy preparado y conocedor de las lides políticas. José López Portillo inició su campaña bajo el lema "La solución somos todos" pero sin adversario alguno, pues el único partido verdaderamente opositor con registro, el Partido Acción Nacional (PAN), no presentó abanderado debido a “fuertes divisiones internas” (personalmente pienso que fue una estrategia para lograr lo que se siguió). El candidato del PRI, no obstante inició una gira para promover su campaña por todo el país, gira en la que los fotógrafos lo captaron correteando a Rosa Luz Alegría, su amante en turno. Es decir fue un tour romántico para conocer el país y darse a conocer. 

Llegaron las elecciones del 4 de julio de 1976, en donde los partidos participantes eran el Partido Revolucionario Institucional (PRI), con sus partidos satélites: el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM) y el Partido Popular Socialista (PPS), y el Partido Acción Nacional (PAN), llamada la fiel oposición, porque aunque no ganaba siempre estaba presente. Existía también Partido Comunista Mexicano (PCM) sin registro y que por tanto no era tomado en cuenta en las elecciones y que lanzó a uno de sus líderes históricos, el sindicalista Valentín Campa, como candidato simbólico.

Los resultados de las elecciones mostraron que de un padrón de 25,913 063 registrados López Portillo había obtenido votos por 16,424 021, ganado los 64 senadores elegibles y el 195 de los 196 diputados elegibles, es decir, lo que se conocía como “carro completo”. 

Hombre inteligente y profundamente narcisista, quedo dolido por el ridículo internacional de haber competido sin oposición, con lo que quedaba de manifiesto que no existía una verdadera democracia; por lo que una vez en el poder instruyó a su Secretario de Gobernación Jesús Reyes Heroles para hacer los cambios necesarios. 

Para su beneficio Reyes Heroles, era un funcionario y jurista respetado, atípico dentro de la clase gobernante en su carácter de culto historiador del Liberalismo en México e ideólogo del Estado. Reyes Heroles seleccionó la población de Chilpancingo, Guerrero capital de la entidad donde habían surgido el mayor número de movimientos campesinos y armados contrarios al gobierno, como los de Genaro Vázquez y Lucio Cabañas para anunciar el 1 de abril de 1977 la decisión de promover cambios sustantivos en el esquema electoral abriendo espacios y haciendo frente a la inminente realidad política, para ello fueron convocados al debate la oposición en pleno y el mundo académico e intelectual a efecto de consensuar la reforma, que se expresó en modificaciones constitucionales y en la aprobación, en diciembre de aquel año, de la Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procedimientos Electorales (LOPPE), misma que ordenaba la estructura de un colegio electoral; otorgaba el registro a más de una organización que permanecía en la clandestinidad (como el mencionado Partido Comunista); permitía las coaliciones; abría tiempos oficiales en radio y televisión para la promoción de las distintas fuerzas políticas; contenía la nueva fórmula de la representación proporcional (consistente en la repartición de cien escaños entre los partidos según el porcentaje nacional de sufragios que obtuviesen en ese rubro de votación, independientemente de los distritos electorales ganados o perdidos, garantizando de ese modo la presencia parlamentaria de todas las siglas y corrientes); y aumentaba de 186 a 400 el número de diputados que integrasen la Cámara Baja, lo cual obligó a la construcción del Palacio Legislativo de San Lázaro para darles cabida. 






En qué consistió la Reforma Política 


• Se modificó la Constitución y se elaboró una Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (la LFOPPE), misma que introdujo cambios esenciales en el funcionamiento del sistema electoral mexicano. 

• Se asignaron atribuciones a la Comisión Federal Electoral (CFE), máximo organismo electoral colegiado, que antes estaba en manos directas de la Secretaría de Gobernación, tales como el otorgamiento o la cancelación del registro legal de los partidos. 

• Se mantuvo la representación paritaria de los partidos en la CFE (introducida en la ley de 1973), las comisiones locales y los comités distritales, en virtud de la cual a cada partido correspondía un comisionado con voz y voto. 

• El artículo 41 constitucional estableció la figura de los partidos políticos como "entidades de interés público", definiéndose tres prerrogativas fundamentales para su desarrollo: el derecho al uso permanente de los medios de comunicación; el derecho a contar, en forma equitativa, con un mínimo de elementos para llevar a cabo sus actividades, y el derecho a participar en las elecciones estatales y municipales. 

• Se introdujo la figura del "registro condicionado", que permitió la obtención del registro legal a los partidos que acreditaran al menos cuatro años de actividad política sostenida y demostraran representar una corriente política definida. Este registro se transformaba en definitivo si el partido lograba al menos el 1.5% de los votos, una proporción poco exigente. Por esta vía, obtuvieron su registro, en 1979, el Partido Comunista Mexicano (PCM), el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y el Partido Demócrata Mexicano (PDM). En 1982 lo obtuvo el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), y tres años más tarde el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT). 

• Se sistematizó todo un capítulo de la nueva legislación electoral dedicado a las prerrogativas de los partidos políticos, integrando las que ya existían desde la reforma de 1963 (la exención del pago de cuatro impuestos) y la de 1973 (franquicias postales y telegráficas y acceso a radio y televisión durante los periodos de campaña electoral), creando otras dos nuevas: contar con los medios adecuados para sus tareas editoriales (papel, impresión, medios para sostener sus cuerpos de redactores, etc.), y contar en forma equitativa, durante los procesos electorales federales, con un mínimo de elementos materiales para sus actividades (folletos, carteles, etc.). 

• Se convirtió en permanente el acceso a radio y televisión y no solamente durante los procesos electorales. 

• Respecto al desarrollo del proceso electoral, hay modificaciones sustanciales como la relativa a los tiempos de entrega de los paquetes electorales de las casillas a los comités distritales. La ley de 1973 daba una semana completa de margen para dicha entrega, lo cual facilitaba la manipulación de los resultados. La Ley de 1977 disminuyó los tiempos hasta un máximo de 72 horas para las zonas rurales y un mínimo de 24 para casillas urbanas en cabecera de distrito. Además, transformó la violación sin causa justificada de dichos tiempos en una causal de nulidad de la votación recibida en la casilla. 

• Se modificó la integración de la Cámara de Diputados con la finalidad de dar márgenes mayores de representación a los partidos minoritarios, estableciéndose un sistema mixto que combinó el principio de representación de mayoría relativa con el de representación proporcional (hasta 100 diputados electos en circunscripciones plurinominales). Este último estaba reservado exclusivamente para los partidos de oposición, pues el requisito para participar de tal asignación era haber obtenido menos de sesenta triunfos de mayoría. 

• Se mantuvo el sistema de auto calificación, por el que las Cámaras de Diputados y de Senadores conocían de su propia elección y resolvían las impugnaciones. La elección presidencial seguía siendo calificada por la Cámara de Diputados, erigida en Colegio Electoral, predominando el criterio político sobre el jurisdiccional. De poco sirvió la introducción del recurso de reclamación que los partidos políticos podrían interponer ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación para impugnar las resoluciones del citado Colegio en la Cámara Baja, pues éste tenía la última palabra. 

Finalmente, sería a fines de 1982 en que se reformaría el artículo 115 constitucional, eliminándose él limite poblacional establecido para la adopción del principio de representación proporcional en la elección de los ayuntamientos, aprobada el 2 de febrero de 1983, rescatándose así al municipio como “núcleo de los principios democráticos”, de la misma forma que en que la Cámara de Diputados pasó a 500 curules: 300 de mayoría relativa y 200 de representación proporcional. 


Conclusión 






La historia de las modificaciones constitucionales para afinar el sistema es un largo camino. Larga es también la historia para lograr la apertura de los medios de comunicación controlados por el Estado priísta y si la mayoría de los cambios ha sido para bien, hay uno iniciado en 1977 que ha implicado la corrupción de los partidos, una derrama cada vez mayor de recursos del erario público, y que ha llevado a algunos a llamarla como la “democracia más cara del mundo”. 

Interesantes fueron las propuestas del Congreso Nacional Ciudadano.org [3], el 27 de mayo de 2018, de las que señalo algunas: 

1. Eliminación de los financiamientos a los partidos políticos 

3. Eliminación del FUERO para servidores públicos 
5. Eliminación de la pensión a expresidentes de la República 
6. Máximo 250 diputados y 32 senadores y con un máximo de sueldo de 10 salarios mínimos 
7. Establecer el salario mínimo para trabajadores mexicanos en 2 mil pesos por semana 
13. Nuestras reservas serán en oro y plata no en dólares. 

Parecen sólo buenos deseos, pero por esto se empieza… 


Jorge Pérez Uribe

Notas:
[1] Revista Relatos e Historias en México, número 121, México, octubre 2018 
[2] https://www.letraslibres.com/mexico/revista/entrevista-luis-echeverria-alvarez-fui-leal-las-instituciones 
[3] https://congresonacionalciudadano.wordpress.com/mandatos-del-pueblo-de-mexico-2018/

lunes, 15 de octubre de 2018

MENSAJE MILITAR A LÓPEZ OBRADOR



Desde el fin de semana circula profusamente un escrito anónimo de un militar, en donde encara al presidente electo Andrés Manuel López Obrador por su intención de deshacerse de las Fuerzas Armadas y le pide que se apoye en ellas, sin menospreciarlas ni difamarlas porque son leales a él. Son mil 35 palabras respetuosas pero fuertes donde apunta que deshacerse de ellas es prescindir de la institución más sólida en México. La carta fue firmada por un oficial de alto rango, según fuentes castrenses, y no representa el punto de vista de un militar, o de algunos, sino expresa el sentir generalizado en las Fuerzas Armadas. El texto, ligeramente editado por razones de espacio, es el siguiente: 


“Me dirijo a usted con el respeto que impone su próxima investidura como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas. No le escribe un periodista, columnista, analista o especialista en fuerzas armadas, no le escribe un adversario político. Le escribe un militar. Comenzaré por manifestarle que desde que tengo uso de razón, siendo apenas un niño, deseé fervientemente pertenecer al Ejército Mexicano y desde ahí servir a mi país. Así que con ese amor a mi país y a mi ejército le escribo. 


“Primero, quisiera que le quedara claro que ser militar es una profesión; así como usted es un licenciado en derecho, yo soy un militar; así como otros son médicos, yo soy militar; así como otros son ingenieros, yo soy militar y no se puede cambiar una profesión por decreto o por ley.Usted decidió ser abogado y estudió en la UNAM para serlo. Yo decidí ser militar y estudié en el Heroico Colegio Militar. No sé si usted ha ejercido como abogado, pero yo sí he ejercido mi profesión por décadas sin interrumpirla por un segundo. 


“Equivocadamente, usted piensa que un soldado ejerce su profesión únicamente en la guerra, es decir, en la lucha armada entre naciones. No, un militar aplica sus conocimientos y los ejerce aún sin que el país esté en un conflicto armado, y no profundizaré sobre este tema porque me llevaría horas hablar sobre teoría del Estado, soberanía, geopolítica, diplomacia, historia, estrategia, geoestrategia, defensa nacional, política de defensa, política militar, estrategia militar, logística, táctica, orgánica, economía de guerra, economía de paz, movilización, seguridad internacional, seguridad hemisférica, seguridad regional, seguridad nacional, poder nacional, sociología de la guerra, derecho de la guerra y otras tantas disciplinas que requiere conocer un profesional de las armas. 


“En sus últimos discursos, usted ha planteado dar un giro a la naturaleza de las Fuerzas Armadas Mexicanas, cambiarles, o, mejor dicho, quitarles su razón de ser: la defensa exterior. Esta función está mandatada para usted en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en su artículo 89 y, una vez que tome el cargo, será su facultad y obligación. Sepa usted que el espíritu de ese artículo tuvo sus orígenes en la necesidad del Estado mexicano no solo de defenderse ante una agresión armada sino, primordialmente, de prevenir la guerra. 


“Con el respeto que merece, le digo que se equivoca al pensar que solo porque no hay guerra, no se necesita un ejército. Análogamente, sería como pensar que sólo porque en México está erradicado el sarampión, ningún niño debería ser vacunado contra es enfermedad. Señor López, usted plantea la posibilidad de una guerra al decir que si esta ocurre en México todos los mexicanos realizarán la defensa nacional. Efectivamente, así debe ser, solo que su concepto de defensa nacional es erróneo. La defensa nacional y la guerra requieren que los médicos sigan curando y salvando vidas, que los ingenieros sigan diseñando, creando y construyendo, que los obreros y campesinos sigan produciendo, que los maestros sigan enseñando, que los banqueros sigan operando el sistema financiero, que los empresarios sigan invirtiendo, que los abogados sigan litigando y así, todos los profesionistas y técnicos sigan haciendo las actividades para las que fueron preparados mientras los militares hacemos la guerra. 


“Equivocadamente, afirma que en nuestra historia la defensa del país la ha hecho todo el pueblo, si así hubiera sido, tendríamos hoy un territorio más grande que el de los Estados Unidos. La defensa del país durante las invasiones únicamente la realizó el ejército, pero sin armas suficientes, sin municiones, sin comida, sin equipo para el frío o el calor y sin demás pertrechos. ¿La razón? En la defensa no participó todo el pueblo. No había quien diseñara las armas ni quien las fabricara; la economía era raquítica, no había quien produjera todo lo que se necesitaba para la guerra; no había unión. En 1847, el Ejército Mexicano fue vencido en combate y el resto del pueblo solo observó cómo el invasor izaba su bandera en Palacio Nacional después de que miles de soldados mexicanos murieron en el intento de detenerlo. 


“Usted pretende convertir al Ejército en guardia civil, eso sería un gravísimo error. Ningún gobernante que quiere pasar a la historia como un estadista se deshace de su ejército. Por el contrario, lo emplea como el más fuerte instrumento a su disposición para proteger al Estado. Así ha sido siempre. Convertir a un militar en un policía es como querer convertir a un ingeniero en un médico; a un biólogo en un arquitecto; a un matemático en un sociólogo o a un electricista en un carpintero, en todo caso, en el intento de ejercer su nueva actividad, fracasará. Los militares no debemos y no queremos ser convertidos en policías. No cometa un error elemental de política, deshacerse del ejército es poner en riesgo la propia existencia del Estado mexicano”. 

Raymundo Riva Palacio 15 de octubre de 2018

Fuente: http://www.ejecentral.com.mx/estrictamente-mensaje-militar-a-lopez-obrador/


domingo, 7 de octubre de 2018

REFLEXIÓN Y MEMORIA DE 1968



Ignorancia e Ideología en la narrativa del 68 


Escuché en la radio la semana pasada a un locutor, joven por su tono de voz, hablar de los jóvenes del 68, diciendo que hablaban a sus padres de usted y que la autoridad de estos era inapelable, que las mujeres no podían asistir a las universidades y otras barbaridades como esta. Simultáneamente en la revista Relatos e Historia en México de octubre, leí un artículo de Rosalbina Garavito, exguerrillera, actora del movimiento del 68 y posteriormente participante en la política partidista. Buscaba una interesante narración y me encontré con una apología ideológica, en donde mezclaba conceptos de marxismo tradicional, con los del feminismo radical y de la Ideología de Género en boga. 

MIS RECUERDOS DE JUVENTUD 



Siendo un joven estudiante de la U.N.A.M. en aquellos años, me siento con todo el derecho y la imperiosa obligación de contar mi versión de cómo eran las cosas y de cómo viví el movimiento. 

El “Desarrollo Estabilizador” 



El plan que elaboró Ortiz Mena en 1958 para el presidente electo, López Mateos, tenía la finalidad de resolver los problemas de alta inflación y la caída de la demanda de los productos mexicanos, una vez concluida la Segunda Guerra Mundial. 

El programa pretendía incrementar el ingreso de campesinos y obreros, diversificar las actividades productivas del país, promover la industrialización, incrementar la productividad, estabilizar el tipo de cambio, generar nuevas fuentes de financiamiento para las empresas y garantizar la estabilidad interna.[…] 

El ahorro interno, en el modelo, debería ser el motor de la inversión. Para ese fin, se desarrolló el sector financiero privado, pero también la banca pública, para financiar el desarrollo. 

El desarrollo del campo era fundamental por varios motivos, para mantener balances comerciales, pero también para incrementar el consumo de la población de granos básicos. 

El Desarrollo Estabilizador se basaba en una división del trabajo entre el gobierno, los empresarios, los obreros, la burocracia y los campesinos. El gobierno ofreció a los agentes económicos reglas claras y la capacidad de construir consensos. Los salarios de los trabajadores organizados crecían en términos reales y se les ofrecieron prestaciones, servicios educativos, de salud y de seguridad social.>>[1]

El crecimiento económico de 1968 fue del 7% anual, un excelente año económico, prácticamente con cero desempleo. 

Por esos años mi hermano Federico, terminada la Preparatoria, se dejó seducir por un buen empleo y en unos cuantos meses, tenía ya su auto Gordini, Renault, a pagar en dos años. El sistema de compra a plazos con tasa fija se extendió a la vivienda, al mobiliario y a los viajes turísticos, entre otros conceptos. 

La migración campesina no era entonces a Estados Unidos en busca del “sueño americano”, sino hacia la ciudad de México, en donde se fueron creando suburbios, en un principio sin servicios. Existió durante la II Guerra Mundial un programa legal de “braceros” para ir a realizar trabajos agrícolas en EE. UU., mismo que se continuó durante algunos años posteriores a la misma. 

Los jóvenes del 68




Cierto que se vivía en la “guerra fría” entre la U.R.S.S. y EE. UU., que los jóvenes norteamericanos iban a pelear a Vietnam. Que su contrapropuesta era la evasión social mediante el movimiento hippie, que se retiraba a vivir en comunas, y la protesta social y el consumo de drogas, sobre todo de la mariguana, el lsd y la cocaína. 

En México conocíamos esta realidad, pero nos parecía muy lejana e incluso no existía la sicosis de una posible guerra nuclear ¡Estaban tan lejos Washington y Moscú, que no nos llegaría la radiación! 

Nuestra realidad era muy distinta. Nuestra generación pertenecía a la de los “baby boomers”, la explosión natal que siguió a la II Guerra Mundial; vivíamos en un mundo de jóvenes, ensombrecido por los numerosos casos de aquellos que de niños que habían contraído la poliomielitis. La gordura no era un problema social de salud, ya que no llegaban aún la nociva “fast food”, ni los videojuegos. Los niños y los jóvenes, por las tardes salíamos a jugar en las seguras calles de las ciudades y quemábamos el exceso de calorías. 

La familia no era, ni es, “patriarcal”, sino todo lo contrario era y es “matriarcal”, esto debido a que la madre es el centro y el vínculo de la familia; toda vez que el hombre embaraza y se marcha, o bien el padre se ausenta en ocasiones por días, semanas o meses, por razones laborales. Esto se ha fomentado en la CDMX con la ayuda establecida por López Obrador a las “madres solteras”, lo que incrementa las uniones libres para poder recibir la pensión y el desarraigo del padre.

El estudiantado de la U.N.A.M., se componía por 50% de estudiantes de la Preparatorias de la misma, cuya admisión estaba sujeta a un promedio mínimo de ocho. El otro 50% era para estudiantes de Preparatorias particulares y de provincia. No había restricciones en cuanto al género y así había mayoría de mujeres en Filosofía y Letras y en Odontología. Salvo la Facultad de Ingeniería, en todas las demás se podría decir que estaban en la misma proporción hombres y mujeres. La UNAM era un crisol en donde participaban todas las clases y jóvenes de toda la República.

El “choque generacional” 



Este concepto sociológico que viene de los países nórdicos se dio sobre todo en los países que participaron en la II Guerra Mundial y se palpa sobre todo en la huella que deja el padre que se marcha a la guerra, magníficamente plasmado en la obra musical “The Wall” de Rogers Waters (Pink Floyd). Se pierde el modelo del padre y John Lennon crece sin él. Hay un resentimiento contra la generación anterior y sobre todo contra la guerra que dejó a los hijos sin padre. 

México que tuvo una participación simbólica en la II Guerra Mundial con un escuadrón de pilotos, no fue afectado socialmente de ninguna manera por ella. Luego entonces en los hogares no existía este choque. Lo que había era una sociedad tradicional, muy fuerte sobre todo en las familias que venían de provincia y más laxa en las familias citadinas. Aquí debo contradecir al locutor que aplica el hablarse de usted a todas las familias, cuando esto era característico y aún lo es en las familias de provincia. 

Lo que está detrás de este choque generacional es que tras la guerra viene una recuperación económica de las naciones y luego una bonanza económica, que ocasiona que los jóvenes tengan un poder adquisitivo que es captado por la mercadotecnia y las mafias de la droga. Así se empieza a desarrollar una moda a base de jeans, playeras y tenis, luego los trajes “Mao” de los Beattles; los cortes de pelo de la “ola inglesa”, el pelo largo y las largas barbas. Los nuevos géneros musicales también constituyen un poderoso atractivo para los jóvenes. 


Las mujeres mexicanas vestían femeninamente


La “cultura revolucionaria en México” 



Lentamente se va creando una nueva cultura juvenil, que tratará de ser controlada básicamente por el marxismo, infiltrado en la Escuela Normal para Maestros, en las Normales Rurales y en la Escuela Nacional de Agricultura (Chapingo), desde su fundación. De estas Normales Rurales surge la guerrilla que en septiembre de 1965 ataca el Cuartel de Madera en Chihuahua. Pero la ideología va ganando terrenos también en la Universidades y en el Instituto Politécnico Nacional. 

De abril a septiembre de 1958 el Movimiento Revolucionario del Magisterio protagonizó una serie de huelgas y un movimiento social en la que participaron maestros, intelectuales, obreros y profesionistas. Mi hermana Alicia, en aquél entonces alumna de la Normal para Maestros, participó en algunas manifestaciones. Fue seducida por la oratoria del líder Othón Salazar, “es que habla tan bonito” decía. El 7 de septiembre Othón Salazar y los principales dirigentes fueron aprehendidos.



En la literatura circulan y son recomendadas por algunos maestros las tediosas obras de Marx y Engels y otras más frescas y actuales como las de Regis Debray, el Che Guevara, Herbert Marcuse, Wilhelm Reich, Louis Althusser, Martha Harnecker. La publicación del “Diario del Che”, tras su muerte el 9 de octubre de 1967, es todo un hito. 

En la música aparece “el Canto Nuevo”, género latinoamericano inspirado por las canciones de Atahualpa Yupanqui, Violeta Parra, Mercedes Sosa, Alfredo Zitarrosa, etc. Aparecen las “Peñas” frecuentadas por universitarios, en donde se escucha a los autores y cantantes revolucionarios y es obligatoria repetir la canción-himno “Comandante Ché Guevara”. En otra corriente aparecían los cantantes españoles antifranquistas como Joan Manuel Serrat, Víctor Manuel, Ana Belén y otros. 

Dentro de esta nueva cultura, lugar importante lo ocupaba “la liberación sexual” favorecida por la reciente creación de la píldora anticonceptiva, que permitía a las jóvenes tener relaciones sexuales sin el riesgo del embarazo, a su promoción coadyuvaba sin lugar a dudas el cine y cierta literatura, en tanto que el Psicoanalista austríaco Wilhelm Reich proclamaba que “no había acto más revolucionario que el orgasmo” 

El “mito sociológico” y “los profetas” del 68 



Agradezco a mi madre haberme inculcado el gusto por la lectura y si de niño me gustaba leer sobre los OVNIS, la Atlántida y después a Lobsang Rampa (El tercer ojo), también me gustaba leer sobre historia de las antiguas civilizaciones, hasta que llegó a mis manos “La técnica del golpe de estado” de Curzio Malaparte, quien me inició en el gusto por la ciencia política. En casa, mi padre llevaba diariamente las Últimas Noticias de Excélsior y el domingo me tocaba ir a comprar el Novedades. Fue en este periódico en donde descubrí a un analista político que se convertiría en mi maestro en estas lides y me refiero nada menos que a Ernesto Julio Teissier. 

El movimiento estudiantil de 1968, a lo largo de la insistencia de todos estos años en recordarlo como un fenómeno de la juventud en “todo el mundo”, se ha elevado ya a la categoría de “fenómeno sociológico” y constituye un “dogma” conceptualizado como un “espontáneo movimiento estudiantil democrático” que representa un “parteaguas” en la historia de nuestro país, ya que abrió las puertas a la democratización del país (¿?). 

Sin embargo este “espontáneo movimiento” fue “profetizado” por mi admirado analista político Ernesto Julio Teissier, con dos años de antelación y como consecuencia de movimientos estudiantiles realizados en ciudades como Hermosillo (1963) y Morelia (1966), en donde los estudiantes se declaraban en huelga por los motivos más nimios -como pudo ser la elevación del pasaje del transporte público-, secuestrando camiones, que luego incendiaban y acababan estableciendo campamentos en la plaza de armas de la ciudad, formulando pliegos petitorios absurdos. La solución al conflicto por parte del gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz siempre fue la misma: cercar la plaza con el ejército, apresar a los líderes y terminar con ello con el movimiento, siempre con saldo blanco. 

Ante el último de estos movimientos, el de Morelia, Ernesto Julio Teissier, afirmó “se trata del ensayo general de lo que veremos próximamente en la Ciudad de México”. Otro profeta fue el mismo Díaz Ordaz, quien en un mensaje en cadena nacional, efectuado a principios de 1968, manifestó que “vendrían tiempos difíciles para la Nación, en los que los mexicanos deberíamos de permanecer unidos”. El mensaje dentro de la retórica priista fue tan cifrado, que pasó desapercibido y nunca fue entendido, pero la realidad es que en la cúpula del gobierno se sabía que por realizarse el evento olímpico de 1968 en México, las izquierdas –muy diversificadas entonces: la revisionista (URSS), la troskista (China), la castrista e incluso la de la “teología de la liberación” (católica) intentarían algo. El mismo general Lázaro Cárdenas “líder moral” de la izquierda se encontraba muy activo y buscaba revancha de viejos agravios de la época de la revolución contra el también general revolucionario, ahora Secretario de la Defensa, Marcelino García Barragán. 

Finalmente Arturo un amigo de mayor edad que yo, estudiante de Ciencias Políticas y muy buen analista político, en el mes de junio, en tono muy serio me dijo: “Jorge, me temo que lo que está pasando en Francia suceda aquí en la Ciudad de México” y comentamos algo que ya había yo observado y es el hecho de que las Sociedades de Alumnos que regían la vida del alumnado en cada escuela o facultad (eran las representantes del alumnado ante la Rectoría), habían sido derrocadas, una por una, por grupos estudiantiles que se presentaban bajo diversos nombres y que en ese momento eran los líderes del estudiantado y que en unas semanas conformarían el Comité Nacional de Huelga, ahí estaban entre otros: Sócrates Campos Lemus, Marcelino Perelló, Gilberto Guevara Niebla, Roberto Escudero y Luis González de Alba. Ya solo quedaba esperar para saber como y cuando empezaría el movimiento.

La mentalidad de las izquierdas para llegar al poder, entonces, era la del golpismo, que había efectuado con éxito el marxismo en Rusia, y posteriormente en otras naciones de Europa. En América, Fidel Castro había demostrado la efectividad de la guerrilla; lo que llevaba al teórico Regis Debray a concebirla como la vía insurreccional para América Latina. En México se habían ya formado grupos guerrilleros, como el que llevó al asalto del cuartel militar en Ciudad Madera en 1965, y que efectuaban una febril actividad de reclutamiento e indoctrinación, principalmente en las Normales Rurales, la Escuela Normal para Maestros en la Normal Superior, en Chapingo, la UNAM y el Instituto Politécnico Nacional. El fruto de esta labor se vería en el movimiento de 1968, y en los 70´s, con la proliferación de numerosos grupos guerrilleros en todo el país. 




El movimiento de mayo en París, Francia encabezado por el estudiante de la Universidad de Nanterre de origen judío-alemán Daniel Cohn-Bendit, como protesta al asesinato del estudiante Rudi Dutschke apodado “el rojo”, ocurrido en Berlín en el mes de abril, paralizó la ciudad de Paris, pero no depuso al viejo zorro Charles De Gaulle, que los dejó dueños de París, hasta que fueron derrotados por la acumulación de basura, la falta de transporte y de otros servicios. 

Díaz Ordaz que como Secretario de Gobernación había enfrentado los movimientos ferrocarrileros y magisteriales, estaba consciente de que se avecinaba otro intento golpista, aunque no sabía cuando y como iniciaría. Este comenzó de la manera más tonta e inesperada en el mes de julio, con un pleito entre dos escuelas –lo cuál era frecuente-, en el cuál intervino el cuerpo de granaderos. Las primeras pancartas mostraban a granaderos con aspecto de gorilas, sin embargo los uniformes no correspondían a nuestros granaderos, sino que eran de policías franceses y es que ya estaban aquí los “asesores franceses”. 

En la `liturgia´ del recuerdo no se muestran nunca los camiones ardiendo, la zozobra de la población ante la falta de transporte, las armerías del centro de la ciudad saqueadas, las actitudes agresivas e insolentes de los “estudiantes” que saqueaban comercios, las armas cortas, las bombas “molotov”; sólo se muestra algo de las pancartas con las efigies de Marx, Engels, el Che Guevara. Sin embargo fueron días de terror e incomodidad para los habitantes de la ciudad que ante el secuestro y quema de camiones, de repente nos quedábamos sin transporte público para regresar a nuestros hogares, en tanto se veían pasar a los transportes secuestrados pintarrajeados y colmados de jóvenes gritando consignas contra el gobierno. Tampoco se menciona cuando iniciando su campamento en el Zócalo, se izó la bandera rojinegra en el hasta bandera y cuando violentamente se introdujeron a la catedral para hacer sonar las campanas. Fueron desalojados por el ejército, también con saldo blanco.




En el casco de Santo Tomás hubo un enfrentamiento a balazos de “estudiantes” contra las fuerzas públicas, con bajas de ambos lados. 


A escasos 9 días de la inauguración de los Juegos Olímpicos, cuando empezaba a llegar la prensa extranjera, y previa promesa de los líderes de boicotear los actos públicos, Díaz Ordaz tomó la decisión de apresar a los susodichos líderes, había experiencia en hacerlo con el Ejército sin derramar sangre, para ello se procedía a cercar el lugar. Para tal efecto fue designado el general brigadier y comandante del Primer Batallón de Fusileros Paracaidistas, es decir, la élite del Ejército. A mayor abundamiento este cuerpo y su cabeza fueron los que terminaron en forma incruenta los conflictos de Morelia y Sonora. Habría participación de elementos policiales únicamente para identificar a los cabecillas del movimiento.

Ése 2 de octubre, el general Hernández Toledo, al entrar a la plaza de Las tres Culturas, se dirigió, a los manifestantes con un altavoz pidiendo calma y que desalojarán en lugar, cuando recibió por respuesta un tiro en el pecho que inició la balacera contra los manifestantes y el Ejército, que arribaba a la plaza. Esto tampoco se menciona en la `liturgia´ del recuerdo, -en la que solo se muestran las luces de bengala que indicaban al Ejército la orden de proceder-, posteriormente las escenas de los asistentes corriendo y el arribo del Ejército a la plaza, que sufre tres bajas y que inmediatamente y ante la desprotección en un espacio abierto toma la posición de pecho a tierra, apuntando sus armas hacia los departamentos del edificio Chihuahua, mientras la gente huía despavorida; incluso en el número conmemorativo de Proceso se pueden ver fotos con soldados parapetándose en alguna columna o muro con sus armas dirigidas hacia los multifamiliares, y fotos de los disparos que salían de algunos departamentos. El operativo había salido trágicamente mal ¿Qué había sucedido? 




A 40 años de distancia aún no queda claro lo que sucedió, ya que en todas las marchas y mítines siempre hubo brigadas armadas de estudiantes radicales y/o ¿guerrilleros? Por otra parte parece ser que Luís Echeverría Álvarez, entonces Secretario de Gobernación, dispuso un operativo alternativo, con miembros de la policía política (Dirección Federal de Seguridad) a sus órdenes, cuya función sería identificar y detener a los líderes del movimiento y que se habían apostado en pasillos y departamentos de Tlatelolco, para agredir tanto a soldados como a manifestantes. Se les conoció como el “Batallón Olimpia” vestidos de civil portaban un guante blanco en la mano izquierda. 

¿Cómo justificó ante su jefe los muertos? Parece ser un secreto que Díaz Ordaz se llevó a la tumba y al parecer Echeverría también lo hará, ya que en repetidas ocasiones ha declarado “no arrepentirse de nada”. 

Con relación al mito de los cientos de víctimas Eduardo Valle alias “el búho” (RIP), miembro del Consejo Nacional de Huelga, posteriormente funcionario de la PGR y respetado periodista y columnista –como la mayoría de los ex dirigentes de ese movimiento, señala: “Pudimos demostrar que durante julio-diciembre de 1968 ocurrieron, al menos, 85 homicidios; 70 de ellos durante la masacre del 2 de octubre. Para el 10 de junio de 1971 se documentaron 42 cadáveres, 24 de ellos en condición de desconocidos. Para los acontecimientos de 1968 se presentaron, al menos, 11 cadáveres en calidad de desconocidos”.[2]

Totalmente ridícula es la explicación que da el historiador Enrique Krauze al desenlace, al atribuirlo a un “complejo de fealdad de Díaz Ordaz”, quien en contrapeso tenía el poder de un soberano absoluto dentro del sistema priista y gozaba de los favores de una de las jóvenes artistas más hermosas de aquella época: Irma Serrano (recalco, de aquella época). 

El factor Echeverría y “la nomenklatura” 



Luís Echeverría Álvarez, masón, era entonces un callado y servil Secretario de Gobernación, casado con la hija del ex-gobernador de Jalisco José Zuno que se había caracterizado por su persecución a la Iglesia Católica y cuyos hijos activistas de la izquierda habían conformado la Federación de Estudiantes de Guadalajara, que aún controla la Universidad de Guadalajara y detenta diversos puestos políticos. Su relación con los grupos guerrilleros es oscura. Por su diligente labor –era hombre que drogado, no tenía horario de trabajo-, fue designado como futuro candidato presidencial por el mismo Díaz Ordaz.

Echeverría Álvarez, miembro de un grupo del que sería la cabeza por muchos años y que Carlos Salinas bautizaría como “la nomenklatura”, mantiene una ideología masónico liberal pero con influencias del marxismo, en su acepción populista. Aunque identificados con el marxismo no permitieron, sin embargo que, la izquierda histórica (la proveniente del Partido Comunista Mexicano y la guerrilla) saliera de su control. Aunque Díaz Ordaz se atribuyó toda la responsabilidad del desastre de Tlatelolco para facilitar el camino político de su sucesor, posteriormente declararía que "su mayor error fue designar como su sustituto a Echeverría". 

La masacre del 10 de junio de 1971, efectuada contra la izquierda histórica ya siendo Echeverría presidente, reveló una gran similitud en el modo de operar del 68. Los verdugos en esta ocasión fueron los halcones” grupo paramilitar creado cuando aún era Secretario de Gobernación. Fue ambivalente ante la izquierda, ya que si por un lado la reprimía, por otro lado le otorgaba empleos directivos y becas, consolidaba alianzas con Fidel Castro y Salvador Allende de Chile y daba asilo político y becas a los “tupamaros”, y a otros grupos guerrilleros y a toda clase de emigrados políticos. Fue él, después de Lázaro Cárdenas, quién acabo entregando la educación a los refugiados de la izquierda, en especial a los chilenos, tras la caída de Allende. 


Grupo de "halcones" el  10 de junio de 1971
Formó o se sirvió de la liga “23 de septiembre” para aniquilar a sus adversarios políticos como el empresario Eugenio Garza Sada y ante la suspicacia popular auto-secuestró a su suegro, quien reapareció días después sano y salvo. 

Aplicó un modelo estatista de economía, “nacionalizando” empresas, multiplicando fideicomisos y fondos, que fueron financiados con el endeudamiento externo y la emisión de billetes sin soporte, lo que llevó a la devaluación, e inflación y a liquidar el modelo del “desarrollo estabilizador” de los dos anteriores sexenios. 


Jorge Pérez Uribe

[1] https://www.eleconomista.com.mx/opinion/El-desarrollo-estabilizador-20180405-0138.html 
[2] Eduardo Valle Espinosa, El año de la rebelión por la democracia, Editorial Océano